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Ttulo del Relato : Un contacto
Autor:
Fecha: 2007-11-17
UN CONTACTO EN INTERNET.




Durante mucho tiempo me pareció banal utilizar el internet para ver pornografía
o entrar a sitios de relaciones amorosas y cosas así. Tengo un trabajo seguro,
una familia más o menos estable y una amante muy discreta y leal. Sin embargo un
domingo buscando en unos foros información sobre unas compras que quería hacer,
se me ocurrió entrar a un foro sexo. Como me lo esperaba, los mensajes eran poco
creíbles, algunos francamente de risa, pero me llamó la atención uno que decía
"Todos contra Eliza, ¿le entras? jj_jj@latinmail,com Firmaba un tal José Juan.
En el mensaje decía que al igual que yo, tenía una amante, pero que el ya la
había iniciado en el sexo en grupo.

El nombre de Eliza me llamó la atención, porque así se llama mi amante, que
además de ser mi secretaria, es una mujer casada y como en el mensaje, he tenido
la fantasía de ver a otros hombres que se la cojan delante de mi. Aún así se me
hizo de risa y me salí del sitio. Sin embargo me quedé con la curiosidad de
saber como sería vivir una experiencia así y pensé en Elizabeth cojiendo con
varios hombres.

La idea me dio vueltas en la cabeza durante la semana y al siguiente domingo
volví a entrar al sitio y leí con más cuidado el mensaje, anoté el correo y le
escribí al tipo ese. Para mi sorpresa el lunes temprano recibí una primera
respuesta, me mandó una foto de la chava y su correo. Ella se veía bien, buena
figura y sin ser nada del otro mundo, un poco atractiva. Le escribí de inmediato
y hasta los ocho días recibí su respuesta. Me confirmó que era cierta la
propuesta, que le gustaba el sexo en grupo y me dijo que si quería participar en
el siguiente encuentro le mandara mi foto.

Lo dudé y deje pasar dos semanas, pero durante esos días, cuando me cogía a mi
mujer o durante los encuentros que tuve con Elizabeth, mientras me las cogía, me
imaginaba escenas con ellas, incluso rente algunas películas porno sobre el tema
y se me empezó a hacer una obsesión el vivir esa experiencia. Mandé escanear una
foto mía y se la mande a la chica. A los pocos días recibí un correo del tipo,
la chica me había, digamos aceptado, y me propuso asistir a un encuentro en un
hotel de la Ciudad de México el siguiente sábado a las 8 de la mañana. Era
martes y lo estuvo pensando los siguientes días, pero el viernes en la noche me
decidí, inventé cualquier cosa y especialmente a Elizabeth porque son los días
que paso con ella , compré mi boleto de autobús y me trasladé al DF. Dormí en
ese hotel, el "Montreal" que está enfrente del metro Taxqueña y a las 8 de la
mañana, bañadito y todo bajé al restaurante, cumpliendo además la instrucción de
no comer nada hasta después del encuentro. Vi a algunas personas pero a nadie
conocido, no sabía como iba a ser el encuentro, lo único que me habían pedido
era llevar un periódico, pero a esa hora no lo había conseguido.

A las 8 y media llegaron ellos, la chica y su acompañante, la reconocí a ella
por la foto. Era una mujer normal, nada del otro mundo, chaparrita, morena,
cabello al hombro y una nariz inconfundible. Llevaba puesto un pantalón de
mezclilla, suéter y tenis, se veía joven, le calculé unos 30 años. El es un tipo
bajito, moreno, regordete y con unos lentes como de miope muy avanzado. Al ver
que se sentaron en una mesa, me levante y me acerqué. Otros tipos habían hecho
lo mismo y llegamos como moscas a su mesa. Me presenté, los demás también lo
hicieron, juntamos otra mesa y nos acomodamos. El ambiente era un poco tenso,
nadie nos conocíamos pero obviamente que todos no le quitábamos la vista a
Eliza, que como ella nos confirmó, su nombre es Elizabeth. Mientras hablaba yo
me imaginaba esa boquita mamandomela y agarrandole esas chichis que se notaban
debajo de su suéter.

Lo primero que nos pidió fue que nadie tomará o comiera nada. Su actitud era un
poco altiva y prepotente. Observé a los demás, éramos 9 de diferentes edades, me
llamó la atención ver a dos hombres muy maduros, casi ancianos y unos muchachos
muy jovencitos que estaban aterrados. Eliza nos pidió a todos nuestras
identificaciones y ella nos mostró la suya y la de su acompañante, me fije en su
edad: 28 años. Luego, de una manera muy solemne nos planteó que lo que íbamos a
hacer tenía un riesgo y que no podíamos correrlo y que a ella no le gustaba
tener relaciones con condón. Entonces nos dijo que había tiempo suficiente y que
ella proponía que fuéramos juntos a hacernos unos análisis de sangre para
confirmar que nadie tenía alguna enfermedad y que entonces lo podíamos hacer con
toda confianza.

Nadie hablaba, creo que algunos incluso estaban indecisos entre quedarse o irse,
entre ellos yo, pero al menos en mi caso, el observarla comenzó a inquietarme,
su boca es bonita, su figura es muy agradable y así chaparrita, se veía muy
frágil ante todos nosotros y eso creo que nos excitó a todos. Uno de los
muchachos preguntó que en donde nos podíamos hacer los análisis y cuanto
costaba. José Juan, el acompañante de Eliza, nos explicó tres opciones cercanas
y los costos y los puso a consideración. Entre todos decidimos ir al laboratorio
más cercano, cerca del metro nativitas, pero surgió un problemas, tres no
llevaban suficiente dinero. José Juan les planteo que entonces no podían
quedarse, pero Eliza les dijo que ella pagaba los análisis y se quedaron.
Salimos todos como corderitos atrás de ella, con la mirada puesta en sus nalgas
que se movían bien y bonito, nos acomodamos en dos carros y nos fuimos a hacer
los análisis. Para eso eran ya como las 10 de la mañana.

El paso por el laboratorio sirvió para irnos conociendo, intercambiando
comentarios y confirmar que la personalidad de Eliza nos estaba atrayendo mucho.
Ella nos presentó a todos como parte de un grupo de solicitantes de empleo que
debíamos presentar los análisis para conseguir el trabajo.

A las dos de la tarde regresamos todos al hotel, afortunadamente todos estábamos
sanos y ya estábamos haciendo ambiente. Lo primero que hicimos fue brindar con
Eliza y pedir de comer. Como a las cuatro de la tarde, Eliza se disculpó y nos
dijo que se iba a bañar y a arreglar. Pedimos una botella y seguimos haciendo el
ambiente, nos fuimos presentando entre todos. Los chavos eran de Cuernavaca, los
señores mayores del DF, otro era de Puebla, yo de Iguala y así nos fuimos
conociendo. Como a las 5 de la tarde bajo Eliza pintadita, con un vestidito
negro con bolitas blancas entallado, muy cortito, medias oscuras y zapatillas
que resaltaban sus ricas piernas. Se veía como una reina, muy propia y elegante,
pero además muy buena, con un cuerpecito juvenil y muy atractivo.

La transformación era increíble, seguro que a todos se nos paró la verga al
verla. Pedimos otra botella y seguimos bebiendo, pero ahora con el pastelito en
medio de todos nosotros. Algunos comenzaron a halagarla, otros a presentarse,
pero ella fue tajante, nos dijo que ella quería que la cogiéramos, no nos quería
conocer a fondo. Después de dos botellas y como diez tequilas dobles que alcancé
a contar que Eliza bebió, nos dijo que nos esperaba en su cuarto en media hora.
Era bien curioso, cualquiera hubiera pensado que el tema de conversación
obligado debía ser que íbamos a hacer con ese pollito, pero no, los chavitos de
Morelos estaban nerviosos y tomaban como cosacos, los señores del DF
cuchicheaban entre ellos y los demás nos pusimos a ver el partido de fútbol que
pasaban en las teles del bar. Muy puntual, José Juan nos dijo que Eliza nos
estaba esperando y nos levantamos todos como resorte, pagamos la cuenta, claro
unos cubriendo la cuenta de los que no llevaban dinero y como perritos buscando
a la perra en celo, nos apresuramos a subir al cuarto de Eliza.

No tenía mucha idea de cómo la íbamos a encontrar, en el fondo pensaba que nos
iba a esperar desnuda en la cama o en negligé, no se, todo era tan claro y a la
vez tan confuso que solo me deje llevar. Para mi sorpresa y creo que para
sorpresa de todos, Eliza se había puesto un uniforme de estudiante de
secundaria, eso si, con la faldita muy corta, pero con tobilleras y todo; sus
piernas lucían antojables. Nos acomodamos como pudimos en el cuarto, unos en las
sillas, otros en la cama y los demás en la alfombra.

Eliza se sentó en una mesita de centro que había ahí y José Juan nos dijo que si
había alguna idea, de cómo empezar, que se la dijéramos. Todos estábamos
absortos, como zombies, pero eso si, sin perder de vista a Eliza. José Juan puso
música en una grabadora que llevaba y comenzó a sacar sus cámaras. Eliza se
sentó en la mesita y comenzó a moverse al ritmo de maná, a levantar las piernas,
se quitó la pantaletita y pidió que alguien le chupara la panochita. Varios nos
levantamos, pero uno de los señores se abalanzó prácticamente sobre su panocha.
Ahí comenzó todo, la rodeamos y comenzamos a manosearla, yo la besé en la boca y
sentí uno de los besos más cachondos de mi vida, su lengua es una maravilla. La
tuve que dejar porque uno de los tipos puso su verga muy cerca de nuestras caras
y se la dejé, ella lo recibió ansiosa y se la comió casi completa y comenzó a
mamarsela. Su piel es suavecita , la toqué por todas lados que podía porque las
manos de todos la recorrían completamente. Palpé sus muslos y sus pantorullas,
luego sus senos, estaban firmes, me agache a mamarle uno mientras alguien ya
tenía el otro en la boca.

En unos instantes la desnudamos, uno de los tipos, alto y gordo, le tomo los
tobillos, le levanto y abrió lo más que pudo esas piernas preciosas y que a la
vista de todos la panocha bien abierta y el hoyito del culo apetecible. Todos
pasamos nuestras lenguas por esa panocha, yo le lamí también el ano, comencé a
perder el asco de saber que estaba la lamiendo su panocha sobre otras salivas.
José Juan comenzó a repartir tragos. El primero que la penetró fue un hombre ya
maduro calvo y panzón que venía de Puebla, comenzamos todos a desvestirnos, me
di cuenta que mi verga era mediana, no muy chica, pero si vi vergas grandes, en
especial la de uno de los muchachos que a Eliza le encantó y fue la que más
buscaba.

Era increíble todos nos estorbábamos, nos empujábamos, comenzamos a molestarnos
entre nosotros porque todos la queríamos penetrar en la panocha y sentir sus
ricas mamadas, comenzamos a tener problemas, hasta que José Juan que no dejaba
de tomar fotos y video, nos comenzó a organizar. Prácticamente hacíamos cola,
pero nos fuimos rotando y disfrutando mejor ese cuerpecito que aparentemente se
veía muy normal, pero que tiene un fuego enorme en sus entrañas.

Ella se dejaba hacer de todo, desapareció esa chica prepotente y altiva que
había visto en la mañana y surgió una mujer sumisa, complaciente, entregada al
placer de todos nosotros. Su rostro denotaba una gran satisfacción y eso la
hacía más atractiva y excitante. La mesa comenzó a escurrir los líquidos de sus
venidas y me atreví a cargarla y llevarla a la cama, ahí empezó lo mejor, porque
entre los tragos, las rondas de penetración que ya habíamos experimentado en ese
cuerpecito y la lujuria de Eliza, perdimos noción de todo, menos de penetrarla y
sentirla a nuestra disposición. La pusimos de chivito, de lado la hincamos, nos
montó, en fin la jugábamos como muñequita y ella feliz se dejaba hacer todo y
ella misma decía como quería, nos pedía insistentemente y a gritos la triple
penetración, a ratos mamaba y se metía dos vergas en la boca al mismo tiempo, su
lengua no dejaba de lamer y lamer y los penes se perdían completos en su boca.
Un detalle que me excitó y me encanto es que cuando se baja a chupar los huevos,
con su nariz acaricia el palo, es decir que hasta su nariz la utiliza para dar
placer cuando mama.

Eliza estaba totalmente transformada, nos pedía verga, buscaba con su boca
alguna que mamar, las chupaba como paletas de chocolate, nos pedía que no
dejáramos de penetrarla, de meterle la verga y se movía cada vez con más fuerza
y cachondez. En un momento José Juan se incorporó, la colocó en cuatro, le untó
vaselina en el culo y se la metió mientras me la mamaba a mi. Su mamada fue
increíblemente mejor, se la metió en la garganta y sentía sus succión completa
en toda mi verga. José Juan se vino en su culo y yo no pude aguantarme las ganas
de hacérselo también. Eso de saber que mi verga se lubricaba con mocos de otro
tipo no me gustó mucho, pero cuando la ensarte y sentí su ano palpitar en mi
verga, decidí que era lo de menos y me vine también en su intestino. Luego
siguieron varios más haciéndole y disfrutando lo mismo. Lo increíble para mi es
que ella aceptaba todos en su culito, hasta la verga enorme del muchachito de
Morelos.

Cuando me di cuenta, Eliza tenía semen por todos lados, su cara parecía tener
una mascarilla de crema líquida o algo así y su lugar en la cama estaba
empapado. José Juan no dejaba de servir tragos, sacar fotos y de limpiarse la
verga que le chorreaba como a todos.

Alguien prendió la televisión, había otro partido de futbol, creo que el Atlas
contra el Celaya. Algunos cansados se acomodaron para verlo, yo seguía
disfrutando de una rica mamada de Eliza mientras veía ese rico cuerpecito que a
pesar de ser pequeño, puede dar tanto placer.. Me vine en su boca y me relajé.
Sin decirlo, ella tomó un descanso, la vi beber tequila como Pedro Infante en
las películas y se metió a bañar. Tardó bastante en el baño, al grado que varios
de nosotros tuvimos que ir a nuestros cuartos porque ella no salía. Terminó el
partido, eran como las once y media de la noche y entonces salió Eliza del baño
con vestido guinda, entalladito y corto, Sin decir nada nos fue mamando el ano y
la verga a cada uno, con ese su estilo de sobar el palo con su nariz, hasta
sacarnos más leche, mientras nos daba el espectáculo de sus nalguitas y su
panocha escurriendo sus jugos como una fuente arbotante, algunos aprovechamos
para volver a penetrarla rico y sentir su puchita y su culito caliente
haciéndonos el perrito. Así dieron las cuatro de la mañana. Algunos que se
habían emborrachado se quedaron dormidos, varios se la cogieron otro rato en la
cama o en la alfombra, ella cabalgó a más de cuatro incluyéndome a mi. Algunos
se fueron a sus cuartos y otros nos quedamos ahí. José Juan aprovecho para
metérsela otra vez en el ano y se quedó dormido sobré ella.

La cruda me despertó temprano. Eliza hincada en la alfombra estaba mamandole la
verga a uno de los chavos, el de la verga grande y el otro se la estaba cogiendo
por atrás, eran las siete y media del domingo. Así transcurrió la mañana, de dos
en dos o de tres en tres, todos nos satisfacíamos con ese cuerpecito pequeño
pero excitante y sensual. Nunca me hubiera imaginado que una chica tuviera esa
capacidad de recibir vergas por todos lados durante tanto tiempo.

Yo tomé especial interés por su ano, me encantó sentir la sensación de estar
dentro de un orificio tan apretado y sintiendo su esfínter apretándomelo como si
me lo estuviera ahorcando, además su panocha es pequeña y sabe hacer ese
movimiento del perrito que sientes que te la muerde con su vagina y no se diga
su boca, con una lengua y una garganta que reviven a cualquier muerto.

Llegó la hora del fútbol , eran las doce, jugaban los pumas, Los tragos seguían
rolando, no se como es que nunca se acababa, al parecer José Juan se encargó de
eso y fue muy buen anfitrión. Eliza aprovechó para bañarse y descansar un poco,
limpiecita como estaba, desnuda dormitando sobre la cama, los señores del DF la
chuparon toda, las chichis, el culo, la panocha, todo y la pusieron muy
caliente. Al terminar el partido, que por cierto ganaron los pumas, todos nos
abalanzamos sobre ella y nos la volvimos a coger como hasta las cuatro de la
tarde.

Nadie se quería ir, todos estábamos briagos pero muy calientes y Eliza nos tenía
como perros tras ella, un gesto, un movimiento de sus manos, sus nalgas o sus
piernas, nos llamaba a follarla. Pero a esas horas todos teníamos hambre, nos
organizamos y bajamos al restaurante, estaba empezando Deportv, eran las seis de
la tarde. Comimos como lobos hambrientos, pero Eliza estaba deslumbrante con una
faldita de mezclilla, blusita de esas ombligueras y tobilleras con zapatillas,
parecía una colegiala y se veía preciosa. Su rostro con esa nariz grandecita y
afilada, mostraba una gran personalidad.

Nos dieron las ocho, todos comenzaron a despedirse pero yo estaba embelesado con
Eliza, sabía que al día siguiente tenía que presentarme a trabajar, pero no la
quería dejar. Me acerqué a José Juan y le dije que quería quedarme otro día con
Eliza, pero me dijo que era imposible, que ella tenía que llegar a su casa pues
es casada y al día siguiente trabajar, porque en ese momento me enteré que es
maestra universitaria. Pero no me resigné, se lo propuse a ella y me pidió que
la esperara un rato. Todos comenzaron a irse, yo llamé a mi casa y avisé que no
iba a llegar, claro que mi esposa me confesó queriendo saber donde y con quien
estaba y pues yo tuve que mentir, mentir y mentir, pero ansioso de coger, coger
y coger una vez más a Eliza.

Eliza regresó, todos la buscaban, querían volver a verla, hacer citas y ella se
veía radiante, hermosa, muy satisfecha. Por fin me tocó mi turno y ella me
preguntó si la podía esperar al día siguiente a las 12 del día, claro que le
dije que sí. Me dio como a todos un beso en la boca largo y de lenguita que
espantó a todos los clientes que estaban en el bar, más aún porque algunos
aprovecharon para agasajarse con ella un poco más. Subí a mi cuarto suspirando
por Eliza y caí como muerto, perdí toda noción del tiempo y del espacio hasta
que escuché el teléfono sonar. Levanté el auricular, vi que eran las diez de la
mañana y escuché la voz de Eliza: "¿Esta visible el señor?" me preguntó,
inmediatamente le dije que si. Estaba crudo, cansado y tenso. Pero Eliza llego
de inmediato con un trajecito sastre y muy bien arreglada de manera formal, se
veía preciosa. De inmediato la bese, la manoseé a mi antojo, la desvestí y la
chupe toda, desde los dedos de los pies hasta sus oídos y su cuello. La penetré
y le bombié la verga durísimo hasta que nos venimos juntos, se lo saque y me lo
limpio con su boquita.

Nos metimos al baño, tomó mi verga mientras orinaba en la taza y me dio masaje
en todo el cuerpo. Sentir sus manitas recorriéndome era excitante, la sentí muy
cariñosa y complaciente, fue delicioso. Salimos del baño y en la cama nos
quedamos dormidos desnudos hasta las tres de la tarde, pedimos de comer y
volvimos a hacer la siesta hasta la cinco. Me desperté sintiendo su boca
lamiéndome los huevos y luego me dio la mamada de mi vida, me volvio a dar su
ano a mi entera satisfacción y me montó como la mejor vaquera del oeste. Me
quede dormido. Cuando desperté eran como las siete de la mañana, escuché ruidos
en el baño y sentí el calorcito de ella junto a mi, el colchón estaba muy mojado
porque ella tiene orgasmos muy abundantes. La televisión estaba prendida con las
noticias de la mañana. Sonó el teléfono, era José Juan, Eliza salió corriendo
del baño y habló con él, quedaron en que la iba a ir a recoger.
La abracé y nos volvimos a besar, sus manos me pusieron otra vez la verga de a
mil y me la cogí de costado mientras le besaba su espalda y su cuello. En eso
estábamos cuando tocaron la puerta, era José Juan. Al vernos desnudos comenzó a
reír y le dijo a ella: ¡qué bárbara, ahora si te la echaste larga!. Ella metió
en la cama e hincada me la comenzó a mamar. José Juan se desvistió y se puso a
lamerle la panocha y el culo. Terminé en su boca y me metí a bañar mientras
escuchaba sus gemidos.

Mientras me vestía observé a José Juan parado sobre la cama mientras Eliza le
mamaba el culo y le sobaba la verga. Cuando estuve listo me despedí de lejitos,
no los quería interrumpir, le di la mano a él y un beso en la mejilla a ella y
salí casi corriendo, quise pagar mi cuenta y para mi sorpresa ya estaba
cubierta. Cruce la calzada de Tlalpan, llegue a la terminal de autobuses y me
regresé a casa. En el camino abrí un costado de mi maleta y encontré un papel
con un beso pintado con lápiz labial, escrito con letra bonita el correo
elizabelt@latinmail.com y más abajo mi truza amarrada con una pantaleta y un
brassiere rojos, los que llevaba puestos Eliza el día anterior.

Llegué casi anocheciendo, mi esposa estaba revisando la tarea de los niños, la
observé y la imaginé en el lugar de Eliza, no había duda, mi esposa es más
bonita, pero no tan atractiva ni sensual. Hable a la oficina para disculparme y
avisar que ya estaba disponible, me contesto Elizabeth, mi amante, me reclamo,
me disculpe, lo de siempre. La imagine también en el lugar de Eliza, ella es
mucho más bonita y está más buena, pero tampoco es tan sensual.

Vi algo en la televisión no me podía concentrar, el cuerpecito, la boca, las
chichis, la panocha, las piernas y el culito de Eliza me tenían embriagado. Esa
última imagen de ella mamandole el culo a su amante y sobandole la verga con
gran excitación me seguía inquietando. Me acosté a dormir y cuando se acostó mi
esposa me hice el desentendido, tenía la verga bien parada y dura y cuando ella
la sintió, se la tuve que meter, pero yo pensaba en Eliza. Lo mismo me pasó al
día siguiente con mi amante.

Así tengo ya varios días, le he propuesto a Elizabeth, que hagamos algo así pero
me dice que estoy loco, mientras sigo indeciso si vuelvo a mandar un mensaje al
correo Elizabelt@latinmail.com

 
 
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